La teoría económica en Santo Tomás de Aquino


Arturo Salazar S.

Santo Tomás de Aquino representa la cúspide del pensamiento medieval y cristiano. Estudió la filosofía de Aristóteles desde el cristianismo luego de que circulasen en Europa las traducciones árabes de la obra del Filósofo. Junto con ser el baluarte fundamental de la filosofía escolástica, desarrolló una completísima teología, que abarcó una infinidad de temas tratados con pluma sutil y magistral, y un privilegiado intelecto especulativo, perfeccionado por los dones de la gracia de Dios.

La doctrina económica de Santo Tomás se diferencia casi en absoluto de la teoría moderna, salvo en lo que esta tiene de derecho natural. Pues mientras la teoría moderna pretende ser científica e independiente de toda moral, cuando no superior a todas ellas, en el Aquinate no es un razonamiento con pretensiones de abarcarlo todo, sino para dar principios generales y éticos a problemas concretos, como la usura.

Siendo inseparable de la ley natural y de la naturaleza humana, la economía, en cuanto permite adquirir bienes, debe contribuir hacia el fin último[1]. La economía está sometida a la ley natural y esta es parte del orden de Dios. Para los escolásticos, el problema central es la equidad en los intercambios comerciales, enfocada desde un punto de vista jurídico y no científico. El bienestar material está ordenado al fin último de la salvación[2].

La usura[3]

Numerosos pronunciamientos y Concilios de la Iglesia se manifestaron contrarios a la práctica de la usura. Por ejemplo, el Tercer Concilio de Letrán (1179) establecía la prohibición de ser admitido a la comunión para quien realizare actos usurarios[4].

Santo Tomás de Aquino plantea su teoría basándose en la tradición del derecho natural y la teología católica. A través de un análisis jurídico, distingue entre bienes consumibles y no consumibles. Los bienes no consumibles pueden rentarse, pues su uso produce un rendimiento. En el caso de los bienes consumibles,  su uso es equivalente al consumo, el mismo uso equivale a la cosa y se transfiere el dominio, lo que lleva a concluir que al vender la cosa y su uso por separado, estaría vendiendo dos veces la misma cosa. Y sería un pecado de injusticia el cobrar un interés adicional a la restitución, llamado usura.

En el caso del contrato de mutuo, en sí mismo, no es título válido para el cobro de intereses. Sin embargo, pueden existir títulos extrínsecos al mutuo que legitiman el cobro de intereses: el daño emergente, el lucro cesante y el riesgo. El daño emergente, por el que el mutuante sufre daño al prestar su dinero, es un título legítimo. El lucro cesante, por el que el acreedor deja de realizar una inversión que le hubiera reportado ganancia, es rechazado por Santo Tomás. Y en el caso del riesgo, no se aceptaba la mera posibilidad de que el deudor no pague, sino que se requería el fracaso de una empresa conjunta[5].

El justo precio[6]

Santo Tomás plantea la controversia sobre el justo precio y señala que el precio justo es el valor de un bien. Si se desvía de manera considerable de este, al vendedor o comprador, según sea el caso, le corresponde restituir. No es un valor exacto, sino que es una estimación, pero en general Santo Tomás lo consideraba como “el precio corriente prevaleciente en un lugar dado en un tiempo dado, a determinarse por la estimación de una persona recta”.

            Utiliza el argumento de la reciprocidad señalado en el Evangelio: “todo lo que quieras que hagan para ti, hazlo también para ellos” (Mateo 7, 12); así como el principio de igualdad entre las partes, propio de la justicia conmutativa, puesto que los intercambios son para beneficio mutuo, no pudiendo ser más gravoso para una de las partes en perjuicio de la otra[7].

El comercio

Se consideraba, en general, a los negocios como poco elogiosos; es más, el mercader medieval sabía que por sus ganancias podía poner en peligro su alma[8].

Los doctores consideraban que no había falta en las ganancias del comerciante, que se veía como pago por su trabajo, gastos, almacenaje y especialmente, el riesgo por el transporte.  Respecto a la utilidad, Santo Tomás establece que esta es moralmente neutra, ni viciosa ni virtuosa en sí misma, pero se hace legítima la utilidad moderada si el comerciante persigue un fin necesario y honesto. Señala a la auto-manutención, la caridad o el servicio público[9].  Y en el caso del comercio como servicio público, sería una remuneración por su trabajo. Pero el lucro, aún así, debía ser moderado.

La propiedad privada[10]

Aristóteles, a diferencia de Platón y algunos Padres de la Iglesia, era favorable a la propiedad privada y dio fuertes argumentos contra la propiedad común, como la disminución de la productividad y las discordias de la comunidad de bienes.

La propiedad es de derecho natural, pero secundario. Es añadida por la razón humana al principio de la comunidad de los bienes, y no es contraria al derecho natural. Pero aspectos de la regulación de esta son de derecho positivo, existiendo varios tipos de propiedad privada[11]. Es un medio para que se cumpla el destino común de los bienes. Al ser derecho natural secundario, es un medio respecto de los fines o preceptos primarios[12].

Santo Tomás distingue entre el poder de administración y disposición, así como el uso de los bienes. Para lo primero, es legítima la propiedad, pues cada uno es más cuidadoso en la gestión de lo que le es suyo de forma exclusiva de lo que le es suyo en común, pues hay más orden en las cosas humanas si cada uno administra lo suyo y se evita la confusión de las cosas comunes; y, además, se conserva de mejor manera el estado de paz entre los hombres, no así si las cosas  se poseen en común. Respecto al uso y goce de los bienes, el Aquinate enseña que no se ha de tenerlos como propios sino como si fueran comunes y permitiendo la participación en ellos a los demás cuando les fuera necesario[13]. No le compete al hombre considerarse como poseedor exclusivo de algo[14]. Este principio se puede cumplir a través de actos de caridad, liberalidad y magnificencia.[15]

En conclusión

Si bien alguien podría replicar que esta doctrina está “obsoleta” y el mundo actual es muy distinto al de Santo Tomás, hay principios de derecho natural que nunca perecen. La aplicación de estos principios difiere mucho hoy en relación al siglo XIII, pero la naturaleza humana sigue siendo la misma.

La economía actual es complejísima, y ciertamente requiere análisis técnicos. Pero estos no pueden tener la última palabra, sino que solamente son eficaces para describir fenómenos, no para fundamentar la economía ni mucho menos para descubrir el bien humano de la naturaleza. Las bases antropológicas de la economía moderna son muy contrarias a este bien humano natural que la misma razón ordena. Es esclavizante y encierra al hombre en una prisión sin Dios. No debemos olvidar nunca que esta vida es pasajera y más importante que esta vida, es la vida eterna.

Arturo Salazar S.

[1]http://girondinos.blogspot.com/2005/08/santo-toms-de-aquino-la-raz-cristiana.html

[2]http://democraciaparticipativa.net/documentos-data-a-referenda/documentos-en-espanol/doctrina-social-cristiana/4623-la-escuela-de-salamanca.html

[3] Cfr. Suma Teológica II-II q. 78.

[4]http://es.catholic.net/empresarioscatolicos/465/1138/articulo.php?id=24396

[5]http://girondinos.blogspot.com/2005/08/santo-toms-de-aquino-la-raz-cristiana.html

[6] Cfr. Suma Teológica II-II q.77.

[7]http://girondinos.blogspot.com/2005/08/santo-toms-de-aquino-la-raz-cristiana.html

[8]http://ocw.uib.es/ocw/economia/historia-del-pensamiento-economico/my_files/primeracarpeta/agustinytomas-1.html

[9]http://girondinos.blogspot.com/2005/08/santo-toms-de-aquino-la-raz-cristiana.html

[10] Cfr. Suma Teológica II-II q.66.

[11]http://www.fundacionspeiro.org/verbo/1980/V-188-P-1065-1122.pdf

[12] Ugarte, op. cit. pag. 624

[13] Ugarte, op. cit.pag 629-632

[14] http://bit.ly/12f4Hd9

[15]http://girondinos.blogspot.com/2005/08/santo-toms-de-aquino-la-raz-cristiana.html

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